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viernes, 18 de diciembre de 2009


- Papi , ¿Cuánto ganas por hora?- Con voz tímida y ojos de admiración, un pequeño recibía así a su padre al término de su trabajo.

El padre dirigió un gesto severo al niño y repuso: - Mira hijo, informes ni tu madre los conoce. No me molestes que estoy cansado

• Pero Papi, - insistía – dime por favor ¿Cuánto ganas por hora?

La reacción del padre fue menos severa. Sólo contestó – Cuatro soles por hora.

• Papi, ¿Me podrías prestar dos soles? – Preguntó el pequeño.

El padre montó en cólera y tratando con brusquedad al niño le dijo:

• Así que, esa era la razón para saber lo que gano. Vete a dormir y no molestes, muchacho aprovechado.

Había caído la noche. El padre había meditado sobre lo sucedido y se sentía culpable. Tal vez su hijo quería comprar algo. En fin, descargando su conciencia dolida, se asomó al dormitorio de su hijo. Con voz baja preguntó al pequeño:

• ¿Duermes, hijo?

• Dime, Papi, - respondió entre sueños.

• Perdóname por haberte tratado con tan poca paciencia; aquí tienes el dinero que me pediste, - respondió el padre.

• Gracias, Papi – contestó el pequeño y metiendo sus manitas debajo de la almohada, sacó unas monedas.

• Ahora ya completé. Tengo cuatro soles. ¿Me podrías vender una hora de tu tiempo? – preguntó el niño.


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